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El mito del equilibrio perfecto: Lo que hay detrás del «¿cómo le haces para todo?»

Foto del escritor: Mariafernanda Gómez
Mariafernanda Gómez
15 ago
3 min de lectura

Te comparto algo que estuve pensando mucho y que en las últimas semanas se ha repetido de manera constante en mensajes, comentarios y pláticas casuales con colegas y mamás. Con frecuencia me preguntan: "Fer, ¿cómo le haces? ¿Cómo le haces para ser mamá, para liderar una clínica, para manejar la empresa, ir al gimnasio, ver a tus amigas, mantener tus redes al día y no perderte en el intento?". La respuesta honesta, directa y sin filtros de redes sociales es que es complicado. Es un proceso profundamente bonito, pero también es un camino que te confronta, que te obliga a voltearte a ver a ti misma en medio del caos y a entender que el malabarismo diario no se trata de tener el control absoluto de todo, sino de aprender a priorizar y, sobre todo, a ser benevolente contigo misma.


Esto es un estar malabareando las cosas todo el tiempo.

Vivimos en un entorno donde parece que tenemos que mantener una especie de "cordura social" intachable. Se espera que sostengas el engagement en redes, que generes ventas, que pagues nóminas a tiempo, que lidies con la administración del negocio, que mantengas tu salud física y vayas al gimnasio, que no descuides a tus amigas, que tengas una casa limpia y ordenada, que hagas de comer, que atiendas a tu hijo con presencia absoluta y que además seas una líder impecable, que jamás se enoja ni pierde la paciencia. Sostener todas esas esferas al cien por ciento al mismo tiempo es sencillamente imposible. Pretender que todo sale perfecto a la primera solo nos llena de culpa y de un agotamiento profundo.


En mi propio proceso terapéutico con mi psicóloga he tenido que aprender, a la mala y con mucha paciencia, a quitarme esa carga de encima. Entendí que la clave para no romperme no es apretar más el paso, sino aprender a ser benevolente conmigo misma y aceptar que si voy a priorizar un área en un momento determinado, otra va a tener que pausarse. Habrá días en los que la clínica requiera toda mi energía y mi atención, y si esa noche llego a casa y el espacio está patas para arriba, aprendí a respirar y decir: así se quedó por hoy. Y habrá otros días en los que mi hijo Mateo o mi salud física necesiten mi presencia completa, y en esos momentos me toca pausar el trabajo, soltar las redes sociales y estar donde tengo que estar, sin la culpa de sentir que le estoy fallando al mundo.


Hay días en los que me siento superplena, y días en los que me cuesta, lloro o termino con la pila en cero. Es completamente normal en este proceso.

El día a día de emprender, liderar y criar no es una línea recta ni una foto pulida de Instagram. Es estar malabareando constantemente las piezas que tenemos en las manos. Hay días en los que me levanto sintiéndome profundamente plena y con la pila al cien, y hay días en los que me abrumo, en los que lloro o en los que termino la jornada con la batería completamente en cero. Y está bien que así sea; es parte de ser humanas. No se trata de hacerlo todo solas, sino de construir y apoyarte en una tribu real: en tu familia, en tus amigas, en tu pareja, en tus colaboradoras y en el equipo de trabajo que camina contigo. Se trata de hacer lo mejor que podemos con los recursos y herramientas que tenemos a la mano en el presente.


Pausar un espacio para poder atender otro sin culpa es parte de cuidar de ti.

Si estás pasando por una etapa similar, ya sea en la maternidad, en el emprendimiento o en la búsqueda de tu propio camino profesional, quiero dejarte este mensaje con el corazón en la mano: no te exijas una perfección que no existe. Lo estás haciendo bien. Aprender a pausar no es rendirse, es cuidarte para poder seguir acompañando a quienes más amas con calidad, presencia y verdad.


Fer Gómez 👩🏻‍🦰 @fisio_mariafernanda


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