Vigilancia de cadera en parálisis cerebral: Lo que el fisioterapeuta nunca debe callar

No sé qué fisioterapeuta pediátrico tenga que escuchar esto hoy, pero estoy convencida de que es una conversación que no podemos seguir postergando en nuestra profesión.
Hace poco terminé una valoración en línea con una familia. Estábamos revisando el caso de una pequeña de siete años con una lesión neurológica severa. Cuando empezamos a profundizar en el estado de sus caderas y toqué el tema de la displasia, la mamá se detuvo y me dijo unas palabras que me calaron hondo: «Licenciada, yo creo que las cosas serían muy distintas si yo hubiera sido una mamá que investigara más, si me hubiera metido a buscar sobre la cadera de mi hija y otras estrategias».
Al escucharla, le pregunté desde cuándo estaba la niña en programas de atención y acompañamiento terapéutico. Su respuesta fue contundente: desde que nació.
En ese momento tuve que frenar la conversación y decirle con el corazón en la mano: «Señora, no es que usted tuviera que haber hecho más. Le pido una disculpa en nombre de todo el equipo de salud por el que ha pasado».
Porque la mamá continuó explicándome su sentir: «Es que a mí nunca nadie me dijo que mi hija se podía luxar de la cadera. Si a mí me hubieran avisado a tiempo, yo hubiera hecho hasta lo imposible para que no llegara a los siete años con una luxación».
Omitir información pronóstica a una familia por temor a incomodarla no es empatía; es dejarla desarmada frente a complicaciones que se pudieron prevenir.
El silencio que daña: Callar por «no asustar» no es cuidar
Aquí es donde nosotros, como área de la salud: fisioterapeutas, médicos especialistas, pediatras, neurólogos, estamos cometiendo un error grave. Le estamos fallando a las familias en lo más básico: darles la información técnica y preventiva en el momento oportuno.
Muchas veces he escuchado en el gremio la justificación de no tocar temas difíciles: «Es que no se lo quise decir todavía a los papás para no angustiarlos» o «No quise quitarles la ilusión porque se pueden sentir mal».
La respuesta de esta mamá desarma por completo esa postura paternalista: «Más mal me siento yo ahorita al ver a mi hija en estas condiciones y darme cuenta de que esa información existía y nadie me la dio con tiempo».
Enterarse siete años después de que una deformidad articular severa se gestó en silencio, mientras acudían puntualmente a sesiones de terapia creyendo que todo estaba cubierto, destruye la confianza y genera una culpa desgarradora. La familia asume que fue su descuido, cuando la omisión provino de los profesionales que debían guiarlos.
COMUNICACIÓN ÉTICA EN CONSULTA | |
❌ Callar riesgos por "no alarmar" ──► | Familias desinformadas, culpa tardía y complicaciones graves. |
✔️ Criterio clínico preventivo ──► | Información oportuna, toma de decisiones y vigilancia activa. |
La biomecánica no espera: Por qué la cadera neurológica está en riesgo
En neurorehabilitación pediátrica no podemos actuar como si el cuerpo del niño respondiera únicamente a ejercicios sobre una colchoneta. En niñas y niños con parálisis cerebral: particularmente en niveles funcionales con mayor compromiso motor, como los niveles IV y V de la escala GMFCS, la displasia y la posterior luxación de cadera no son hechos aislados ni casualidades; son el resultado predecible de factores neuromusculares y mecánicos conocidos:
El desbalance muscular persistente: El tono muscular elevado y los patrones de espasticidad en músculos aductores e isquiotibiales ejercen una tracción constante que supera la fuerza de los abductores y glúteos, empujando progresivamente la cabeza femoral hacia afuera y arriba del acetábulo.
La falta de carga fisiológica: La bipedestación y la bipedestación con abducción aportan el estímulo de presión mecánica indispensable para que el acetábulo se modele y mantenga una concavidad adecuada durante el crecimiento.
El crecimiento esquelético: La parálisis cerebral no empeora a nivel cerebral, pero las manifestaciones musculoesqueléticas sí se agravan si no intervenimos. Cuando el hueso crece a un ritmo que el músculo espástico o acortado no puede acompañar, la palanca articular colapsa.
La migración de la cadera ocurre de manera silenciosa. Una cadera que se está subluxando no suele generar llanto ni dolor agudo en sus etapas iniciales. Cuando el dolor aparece, con frecuencia el cartílago ya presenta desgaste, la cabeza femoral está deformada y las opciones terapéuticas conservadoras se han reducido drásticamente.
En neurorehabilitación pediátrica, prevenir una deformidad musculoesquelética es tan prioritario como promover una habilidad funcional.
¿En qué consiste una verdadera vigilancia de cadera?
La prevención responsable no consiste en esperar a que la pierna se acorte o aparezca una asimetría evidente en el examen físico. Para cuando esos signos son visibles a simple vista, la articulación ya ha sufrido un daño estructural importante.
Tener criterio clínico en consulta implica establecer una ruta clara:
Solicitar e indicar el seguimiento radiográfico periódico: La radiografía anteroposterior de pelvis es la única herramienta que permite medir el índice de migración de Reimers. Dependiendo de la clasificación motora y la edad del niño, este control debe realizarse de forma semestral o anual en coordinación con ortopedia pediátrica.
Implementar programas de bipedestación oportuna: Colocar al niño en un bipedestador adecuado con soporte de peso y grados controlados de abducción es una indicación preventiva indispensable para proteger la congruencia articular y la densidad mineral ósea.
Cuidar el posicionamiento en la rutina cotidiana: El trabajo no termina en la sesión clínica. Educar a la familia sobre cómo sentar al niño a noventa grados, cómo evitar la postura de piernas cruzadas (patrón en tijera) y qué aditamentos de soporte postural requiere en casa o en la escuela forma parte central del tratamiento.
Diálogo interdisciplinario: Nuestro rol como terapeutas no es aislar al paciente en una burbuja, sino hacer equipo con el médico rehabilitador, el neuropediatra y el ortopedista para valorar intervenciones complementarias (como la aplicación oportuna de toxina botulínica o cirugías preventivas de partes blandas) antes de llegar a procedimientos de rescate articular.
No seas el terapeuta del «me hubiera gustado que me avisaran
Comprendo que atender casos complejos exige estudio, tiempo y una enorme madurez personal. A mis veinte años me tocó enfrentarme a la incertidumbre y no saber cómo manejar a una paciente con un compromiso neurológico importante. Sé lo que se siente no tener todas las respuestas. Pero el conocimiento que adquirimos con los años no es para guardárnoslo ni para aparentar suficiencia; es para transformar y cuidar la trayectoria de las personas que atendemos.
Si atiendes a una niña o un niño con una alteración motora, explícale a su familia el panorama biomecánico con sensibilidad, con respeto, pero con absoluta claridad técnica. No te quedes con la información. Explícales por qué vigilamos la cadera, por qué insistimos en los estudios de imagen y por qué cada posicionamiento tiene un fundamento que va mucho más allá de una postura estética.
Evitemos que otra mamá se siente en una consulta años después a preguntarse qué hizo mal o por qué nadie le advirtió lo que venía. Acompañar con criterio clínico también significa tener la valentía de hablar a tiempo.
Fer Gómez 👩🏻🦰 @fisio_mariafernanda




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